¿Nuestra casa puede aguantar un sismo?

Nuestra casa puede aguantar un sismo

Latinoamérica es la región más urbanizada del mundo, según lo indica UN Hábitat en su documento “Estado de las ciudades de América Latina y el Caribe 2012, rumbo a una nueva transición Urbana”. Según este informe, el 80% de la población vive en ciudades, las cuales se han multiplicado por 6 en número, durante los pasados 50 años.

Y este aumento de la población urbana, en un país que como Colombia se concentró de forma importante sobre los Andes (se estima que al menos un 70% de los colombianos viven en zonas de montaña), acarrea dos problemas significativos: El primero, la escases de tierra que implica la necesidad de verticalizar las ciudades mediante la construcción de edificios y el segundo, que como es bien sabido por todos, que los Andes, a pesar de su majestuosidad e increíbles paisajes, es una formación geológica nueva, altamente meteorizada y ubicada en el cinturón de fuego del pacífico. Un coctel letal en el que se suman movimientos telúricos a un suelo inestable.

La construcción en seco, liderada en nuestro país por marcas como Superboard, Gyplac y Promat, ofrece a arquitectos, ingenieros y constructores, ventajas hasta ahora bien conocidas por todos en lo que a sismoresistencia se refiere: Liviandad, flexibilidad, y ductilidad, que hacen de este método constructivo tal vez el más seguro para proteger tanto la vida de los ocupantes de las edificaciones, como su patrimonio.

El sistema, que comenzó a especificarse de forma decidida y liderada por Etex en el país a finales de la década de los noventa, aumentó rápidamente su penetración luego de los infortunados terremotos de 1999 y 2004 en ciudades como Pereira, Armenia, Manizales y Cali, víctimas de la fuerza de la naturaleza aplicada al gran peso y tamaño de las construcciones tradicionales.

El conocimiento y entendimiento de la construcción en seco y sus bondades para mitigar los impactos negativos en los acontecimientos sísmicos, desplegaron un furor constructivo que se dio inicialmente en segmentos no residenciales, creciendo de manera particularmente importante en proyectos educativos: (escuelas y colegios), salud (hospitales y clínicas), edificios gubernamentales y de forma no menor, en centros comerciales. La razón: Los dueños y los diseñadores de estos proyectos buscaban mayor seguridad.

El sector residencial que en un comienzo fue un poco más renuente a cambiar su percepción de los materiales industrializados, finalmente ha ido adoptando una demanda vertiginosa de los productos en seco, los cuales como ya mencioné, mitigan significativamente los impactos negativos en caso de algún evento sísmico lamentable. Chile, por ejemplo, es uno de los países que más consumen este tipo de materiales industrializados, contando con una tasa de consumo percápita de placas de yeso y fibrocemento casi 3.5 veces superior a la de nuestro país.)

La seguridad de nuestras familias y la protección de nuestro patrimonio son fundamentales a la hora de comprar una vivienda nueva o realizar una remodelación. El uso de construcción en seco no solo provee esos beneficios vitales, sino que también nos permite otros desarrollos adicionales en cuanto al tiempo de instalación, las propiedades térmicas y de insonorización, y fundamentalmente, su resistencia y bajo peso; sin duda, ventajas que impactan positivamente cualquier indicador conceptual y rentable.

Escrito por: Felipe Duque - Dryco Manager - Latin America; Grupo Etex

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